Martes Santo (Id=248)
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No me entregues, Señor, al
odio de mis enemigos, pues han surgido contra mí testigos falsos, que respiran
violencia.
Ne tradíderis me, Dómine, in
ánimas persequéntium me: quóniam
insurrexérunt in me testes iníqui,
et mentíta est iníquitas sibi.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, ayúdanos a celebrar los misterios de la pasión del
Señor con tal fe y arrepentimiento que podamos merecer tu perdón.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Te convertiré en luz de las
naciones, para que llegue mi salvación hasta los últimos rincones de la tierra
Lectura del libro del profeta
Isaías
49, 1-6
Escuchen, habitantes de las islas;
atiendan, pueblos lejanos: El Señor me llamó desde el seno materno, desde las
entrañas de mi madre pronunció mi nombre.
Convirtió mi boca en espada afilada, me escondió al amparo de su mano; me
transformó en flecha punzante y me guardó en su aljaba. Me dijo:
"Tú eres mi siervo, Israel, y estoy orgulloso de ti".
Aunque yo pensaba:
"En vano me fatigué, por nada e inútilmente gasté mis fuerzas".
Sin embargo, el Señor defendía mi causa, mi Dios guardaba mi recompensa.
Y ahora habla el Señor, aquél que desde el vientre me formó como siervo suyo,
para que le trajera a Jacob y le reuniera a Israel. ¡Tan valioso soy para el
Señor y en Dios se halla mi fuerza!
El dice:
"No sólo eres mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer a los
sobrevivientes de Israel, sino que te convierto en luz de las naciones para que
mi salvación llegue hasta el último rincón de la tierra".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 70, 1-2.3-4a.5-6ab.15 y
17
En ti, Señor, he puesto mi
esperanza.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.
En ti, Señor, me refugio; que
yo no quede avergonzado para siempre. Líbrame, rescátame tú, que eres salvador;
hazme caso y libérame.
En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.
Sé para mí una roca de refugio,
una fortaleza donde me salve, pues tú eres mi roca y mi fortaleza; Dios mío,
rescátame de las manos del malvado.
En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.
Porque tú eres mi esperanza,
Señor, en ti confío, Señor, desde mi juventud. En ti me apoyaba antes de nacer,
tú eres mi protector desde las entrañas de mi madre.
En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.
Mi boca proclamará todo el día
tu salvación, y tus actos liberadores. Desde mi juventud. Dios mío, me has
instruido, y yo he proclamado tus maravillas hasta hoy.
En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro, para obedecer al Padre, quisiste ser llevado a la
cruz como manso cordero al sacrificio.
Ave, Rex noster, Patri oboédiens:
ductus es ad crucifigéndum,
ut agnus mansuétus ad occisiónem.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Uno de ustedes me entregará. No
cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces
† Lectura del santo Evangelio según
san Juan
13, 21-33. 36-38
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, estando Jesús a la
mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente y declaró:
"Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar".
Los discípulos comenzaron a mirarse unos a otros, preguntándose a quién podría
referirse. Uno de ellos, el discípulo al que Jesús tanto amaba, estaba
reclinado sobre el pecho de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que le
preguntara a quién se refería. El discípulo que estaba reclinado sobre el pecho
de Jesús le preguntó:
"Señor, ¿quién es?"
Le contestó Jesús:
"Aquel a quien yo dé el trozo de pan que voy a mojar en el plato".
Y, mojándolo, se lo dio a Judas Iscariote, hijo de
Simón.
Cuando Judas recibió aquel trozo de pan mojado, Satanás entró en él.
Jesús le dijo:
"Lo que vas a hacer, hazlo cuanto antes".
Ninguno de los que estaban a la mesa con Jesús entendió lo que había querido
decir. Como Judas era el que llevaba la bolsa del dinero, algunos pensaron que
le había encomendado que comprara lo necesario para la fiesta o que diera algo
a los pobres. Judas, después de recibir el trozo de pan mojado, salió
inmediatamente. Era de noche.
Al salir Judas, dijo Jesús:
"Ahora va a manifestarse la gloria del Hijo del hombre, y Dios será
glorificado en él. Y si Dios va a ser glorificado en el Hijo del hombre,
también Dios lo glorificará a él. Y lo va a ser muy pronto.
Hijos míos, ya no estaré con ustedes por mucho tiempo. Me buscarán, pero les
digo ahora lo mismo que ya dije a los judíos: "Adonde yo voy, ustedes no
pueden venir"".
Simón Pedro le preguntó:
"Señor, ¿adónde vas?"
Jesús le respondió:
"Adonde yo voy tú no puedes seguirme ahora; algún día lo harás".
Pedro insistió:
"Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Estoy dispuesto a dar mi vida
por ti".
Jesús le dijo:
"¡De modo que estás dispuesto a dar tu vida por mí! Te aseguro, Pedro, que
antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Acerquémonos, hermanos y hermanas, a Jesús, mediador de la nueva alianza y
signo de propiciación por nuestros pecados y por los de todo el mundo, y
presentémosle con fe las oraciones de su Iglesia:
(Respondemos a cada petición: Escúchanos Señor).
Para que Dios Padre, que nos ha
enviado a Jesucristo como pastor y redentor del mundo, guarde, proteja e
ilumine a la Iglesia, y la fortalezca en la fe y en el amor, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Para que el Dios de Abrahán, de
Isaac y de Jacob haga brillar su rostro sobre el pueblo de Israel y le
manifieste a Jesús como el Mesías de su esperanza, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Para que los pueblos del Islam
encuentren en la fe y en la caridad de los cristianos una luz que los encamine
al único Señor que perdona y salva, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Para que Dios todopoderoso y
eterno, que quiere que todos los hombres y mujeres se salven y lleguen al
conocimiento de la verdad, descubra su rostro a los ateos, libre a los paganos
de toda idolatría, superstición o engaño y les revele la luz de su palabra,
roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Para que el Padre de misericordia y
Dios de todo consuelo, conceda su auxilio a todos los que lo invocan desde el
fondo del corazón y a todos los que dudan, sufren o luchan, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Celebrante:
Mira, Señor, a tu familia, reunida en el nombre de Jesucristo, y protégela con
amor constante; que los que se esfuerzan por buscar tu rostro vean atendidas
sus oraciones y experimenten la ayuda de tu protección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, con bondad este pan y
este vino que te presentamos, y concede a cuantos quieres hacernos partícipes
del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo, llegar a poseerlo plenamente en tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La victoria de la Pasión
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque se acercan ya los días santos de su pasión salvadora y de su
resurrección gloriosa; en ellos celebramos su triunfo sobre la soberbia del
demonio y renovamos el misterio de nuestra redención.
Por eso,
los ángeles te cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:
[Misa]
Dios no perdonó a su propio
Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros.
Próprio Fílio suo
non pepércit Deus, sed pro nobis ómnibus trádidit illum.
Oremos:
Por medio de este sacramento, que desde ahora nos comunica tu fuerza,
concédenos, Padre misericordioso, participar de la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.